Las miradas no hablan. Las miradas fluyen. Y la tuya me remueve el estómago y me acelera el pulso, y me electrocuta y me atrae, me llena de magia. Me llena y me vacía y me enloquece. Y fluye con tanta fuerza que las palabras están de más. Y no es que una mirada hable más que las palabras, sino que TU mirada me habla en un idioma intransmitible en ellas.

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